(Julio, 2011)
En septiembre se celebrará el mundial de Rugby en Nueva Zelandia. Cuando Los Pumas lleguen a la tierra de los temidos All Blacks se encontrarán con un país rico y moderno. Al caminar por las calles de Auckland observarán prosperidad por doquier: el PBI per cápita neozelandés más que duplica el argentino. Antes de entrar en los estadios de Wellington, su capital política, admirarán los beneficios de una sociedad más equitativa. Al recorrer tanto la isla del norte como la patagónica isla del sur envidiaran el nivel de vida de sus habitantes: Nueva Zelandia rankea tercera en el Human Development Index (2010), detrás de Noruega y Australia. Situando a la Utopía como un ideal inalcanzable, Nueva Zelandia es de los países que más se le asemejan. En cambio Argentina, con un cuarto de su población bajo la línea de pobreza, no.
En septiembre se celebrará el mundial de Rugby en Nueva Zelandia. Cuando Los Pumas lleguen a la tierra de los temidos All Blacks se encontrarán con un país rico y moderno. Al caminar por las calles de Auckland observarán prosperidad por doquier: el PBI per cápita neozelandés más que duplica el argentino. Antes de entrar en los estadios de Wellington, su capital política, admirarán los beneficios de una sociedad más equitativa. Al recorrer tanto la isla del norte como la patagónica isla del sur envidiaran el nivel de vida de sus habitantes: Nueva Zelandia rankea tercera en el Human Development Index (2010), detrás de Noruega y Australia. Situando a la Utopía como un ideal inalcanzable, Nueva Zelandia es de los países que más se le asemejan. En cambio Argentina, con un cuarto de su población bajo la línea de pobreza, no.
A pesar de ello, Argentina y Nueva Zelandia comparten varias similitudes. Ambos países se encuentran en el hemisferio sur y alejados de los principales centros económicos, financieros y políticos. En ambos hay aproximadamente quince habitantes por cada kilómetro cuadrado de tierra. Ambos cuentan con abundante tierra fértil y clima templado. Ambos fueron colonias que luego se independizaron. Ambos recibieron inmigración europea. Ambos tenían nativos celosos de sus tierras lo cual significó conflicto y violencia con los inmigrantes. Ambos países cuentan con ventajas comparativas en la producción agropecuaria.
Cien años atrás ambos fueron de los países más ricos del planeta. El siguiente gráfico muestra la evolución del PBI per cápita para sendos países. Las series fueron tomadas de Maddison y Ferreres. Representan dólares internacionales de 1990 (Geary-Khamis).

Con finalidad comparativa, otra manera de ver estas estadísticas es tomando el PBI per cápita relativo. Es decir, el PBI per cápita argentino divido el neozelandés. La serie histórica aparenta tener forma de U invertida, significando dos etapas: una de convergencia, en donde la Argentina crecía más que Nueva Zelandia, y otra de divergencia, en donde ocurrió lo contrario. La linea roja es simplemente una línea de tendencia.

Cinco años antes de la creación del Virreinato del Rio de la Plata, del otro lado del mundo el explorador inglés John Cook recién pisaba tierra en New Zealand, en ese entonces habitada por violentos maoríes que disfrutaban de los últimos lujos del neolítico. Argentina se independizó en 1816 mientras que Nueva Zelandia recién se estableció como colonia con el polémico Tratado de Waitangi en 1840, firmado entre la corona británica y jefes maoríes.
Las décadas de 1850 y 1860 fueron testigos de guerras civiles y conflictos armados en ambas regiones: En Nueva Zelandia el Imperio Británico contra tribus maoríes, en Argentina una mescolanza de unitarios contra federales, guerras contra países limítrofes, rebeliones de caudillos y campañas militares contra los nativos. De mas está decir que en ambas regiones la violencia e incertidumbre interna imposibilitó el progreso y que recién para 1870 se consolidó un orden institucional favorable.
A pesar de los conflictos iniciales y del orden tardío, a principios del siglo veinte ambos países eran de los mayores productores y exportadores de materias primas del mundo. Esto le permitió disfrutar de los mayores estándares de vida del mundo. Para 1930, Argentina se mostraba ante el mundo orgullosa y educada. Nueva Zelandia aún sufría las trágicas pérdidas humanas de sus soldados en frentes europeos, lo cual se repetirían en la Segunda Guerra Mundial.
El detenimiento del comercio internacional en 1930 causó estragos políticos en ambos países: el intervencionismo estatal aumentó, provocando estancamiento económico. A su vez, la Gran Depresión obligó a Inglaterra a darle la espalda a Argentina, pues pasó a privilegiar con libre comercio solamente al Commonwealth. El impacto inmediato de la Gran Depresión fue menor en Nueva Zelandia que disfrutaba los beneficios relativos de lo acordado en la Conferencia de Ottawa. Por otro lado Argentina , sujeta a las duras condiciones del criticado pacto Roca Runciman, no tuvo otra alternativa que renunciar su pertenencia informal del Imperio Británico. Tal fue la magnitud de la crisis económica, que la misma indujo una crisis política que inicio el triste período de golpes de estado y atropellos democráticos.
A pesar de un menor impacto inicial en Nueva Zelandia, la Gran Depresión impactaría de forma permanente en ambos países, que tarde o temprano sufrirían menor crecimiento económico producto de la intervención estatal, la sustitución de importaciones, la inflación y el riesgo político. Ambas historias son en cierta medida historias de “fracaso económico”: A lo largo de los últimos 140 años, ambos países pasaron de pertenecer al grupo selecto de países ricos del mundo a ser cien años después alrededor de mitad del PBI per capita de los lideres.
El siguiente gráfico ilustra el PBI per capital relativo de ambos países comparado al PBI per cápita de Estados Unidos (Que sirve de proxy de los países más ricos del mundo). Asimismo indica en negro la tendencia lineal negativa de dicha relación.

El gráfico es sorprendente, pues indica que la caída relativa neozelandesa (desde su pico histórico en 1880 hasta la actualidad) es aún más grande que la Argentina. Nueva Zelandia fue en 1880, y junto a Australia, el país más rico del planeta. Por otro lado Argentina, para finales del siglo XIX, disfrutaba el mismo PBI per cápita que Estados Unidos.
Inflación
Para revertir el estancamiento prolongado, a partir de la década del ochenta Nueva Zelandia se modernizó desregulando y abriendo su economía, patrón similar al tibio intento argentino de la década de 1990. Al mismo tiempo, y conscientes de los costos de inflación en materia de crédito a largo plazo, inversión y distribución del ingreso, ambos países implementaron reformas monetarias con el fin de independizar al Banco Central. Sin embargo, mientras que la Argentina implementaba una Convertibilidad en 1991 para salir de una hiperinflación, Nueva Zelandia innovó hacia una política monetaria de “Inflation Targeting”, que fue pionera y luego copiada por países como Israel, Brasil y Chile. El Inflation Targentig probó ser más eficiente, pues a la vez que asegura una inflación baja y controlada, brinda cierta flexibilidad cambiaría que permite absorber shocks negativos.


Desde entonces Nueva Zelandia disfruta de un Banco Central independiente y una inflación anual promedio del 3%. Nueva Zelandia tiene desde 1989 una unidad de cuenta. Por otro lado Argentina tiene un Banco Central dependiente que no duda en devaluar para financiar al Poder Ejecutivo y que calla ante la manipulación estadística de una inflación diez veces mayor a la neozelandesa y de las más altas del mundo.
La reserva Federal de Nueva Zelandia es consciente que no puede modificar permanentemente el Tipo de Cambio Real. El Poder ejecutivo de dicho país sabe, a su vez, que el Tipo de Cambio real no asegura la prosperidad, ni que la depreciación del mismo brinda competividad a sus exportaciones. En Argentina, en cambio, se utiliza al argumento de “competividad” para poder devaluar y consecuentemente cobrar el impuesto mas regresivo, silencioso e inconstitucional: el impuesto inflacionario.
Apertura comercial: Beneficios materiales e institucionales
Nueva Zelandia tiene claro que un país prospera explotando sus ventajas comparativas y no buscando sustituir importaciones. Reconoce que el sector de servicios el mayor de la economía y que el libre comercio incentiva la innovación en industrias de todo tipo tal como la agroindustria (productos lácteos con valor agregado), el cine (El Señor de los Anillos), el deporte (Náutica) y el turismo. Es de los países más abiertos del mundo y prácticamente no tiene retenciones a la exportación ni aranceles a la importación. También reconoce los beneficios materiales e institucionales de una apertura multilateral: en 2008 fue el primer país en firmar un tratado de libre comercio con China.
Nueva Zelandia disfruta de una ventaja comparativa, pues en ella abunda la calidad institucional. Evidencia objetiva se puede verificar en rankings como el “2011 Index of Economic Freedom”, donde este país se ubica en cuarto lugar, 134 puestos delante de Argentina. Sin embargo, la abundancia de este factor institucional no se debe a que son producto del Imperio Británico. La estabilidad y la calidad institucional son garantizadas por la incorporación al mundo. Esta reciente re-incorporación al mundo se logró mediante los tratados de libre comercio, que no solo promueven la eficiencia producto de aprovechar las ventajas comparativas, sino que promueven la estabilidad de reglas. Nuestros vecinos chilenos, que a su vez tienen un tratado de libre comercio con Nueva Zelandia, han implementado políticas muy similares a las neozelandesas: Inflation Targentig y Tratados de libre comercio.
Argentina tiene un largo y prometedor siglo por delante. Instituciones que aseguren el libre comercio y la estabilidad monetaria son la clave del progreso. De sus habitantes depende elegir el autismo del último siglo o el mundo del nuevo milenio. Nueva Zelandia, como tantos otros países, nos enseña el camino para lograr aquella próspera y equitativa Nueva Argentina que tanto añoramos.





